Fuera de guion | Tradición, familia y resiliencia
Redacción
2025-10-31 15:22
Aunque la economía aprieta, las familias hidalguenses no renuncian a su altar.
En el crepúsculo de octubre, cuando lo hogares hidalguenses comienzan a perfumar el aire con cempasúchil, con el humo de las velas y el susurro de las voces que ya parten, pero siguen vivas en el altar, se despliega algo más que una tradición, se abre el corazón de una familia que dice “te recuerdo, te celebro, estás aún con nosotros”. Y lo hace aún cuando los vientos de la economía soplan con fuerza, cuando la bolsa aprieta y cuando el presupuesto familiar se estira como una liga.
En Hidalgo esa realidad económica no es ajena ni lejana. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2022 y 2024, la proporción de personas en situación de pobreza multidimensional pasó del 41 al 35.3 por ciento en el estado.
Ante ese escenario, es aún más bello observar cómo las familias hidalguenses no renuncian a poner su tradicional ofrenda, no porque ignoren la realidad del gasto, pues las flores, las veladoras, el pan de muerto y muchos otros componentes del altar tienen costos crecientes, sino porque ante el panorama económico potencian algo más poderoso: el vínculo, la memoria y el decir “te tengo presente”.
Imaginemos un hogar en una localidad de Hidalgo. Quizás el padre o la madre llegan del trabajo con la carga del cansancio y los salarios precarios, y a veces injustos, quizás los hijos ayudan con la preparación del altar, una mesa sencilla, un mantel sin lujos, una fotografía de ese ser añorado que se coloca al centro y las frutas de temporada; quizás este año haya menos flores, sin detalles ostentosos, pero hay risas compartidas, historias contadas de los que partieron. Y en ese acto humilde y tierno la familia está ejerciendo resiliencia, no porque ignore los costos, sino porque los enfrenta y dice: “sabemos que es difícil, pero esto es importante”.
Porque lo importante no es el tamaño del altar, sino el gesto de reunirse. No es la cantidad de veladoras, sino la constancia de la luz. No es el pan más elaborado, sino compartirlo con cariño. Y en ese compartir está la economía familiar llevada desde un lugar de dignidad; se trata de priorizar lo que importa, de multiplicar el valor de un gesto pequeño.
Cuando las estadísticas dicen que una de cada tres personas en Hidalgo vive en pobreza, o que casi seis de cada diez infancias y adolescencias crecieron en condiciones de privación, no estamos hablando de números abstractos, sino de rostros, de manos trabajadoras, de casas donde se hace espacio para el recuerdo. Y cuando esas familias deciden montar su altar, aun con el presupuesto ajustado, están diciendo: “tu presencia no está condicionada por el volumen de gastos, sino por el volumen de amor”.
Es aquí donde la tradición del Día de Muertos se convierte en una herramienta de esperanza. Porque al reunir a la familia, al conectar generaciones, al inculcar en los hijos que la ausencia no es olvido, se están reforzando los lazos que sostienen a través del tiempo. Y en una economía donde los ingresos crecen despacio, la tradición hace su parte, como una luz que no se apaga.
Y así, en medio de cifras, de desafíos y de realidades económicas diversas, las familias de Hidalgo siguen encendiendo sus velas, siguen colocando sus ofrendas, siguen contando los relatos de los abuelos, siguen compartiendo. Porque cuando la flor se abre, cuando el aroma danza, cuando el pan espera en el plato, es la memoria la que se nutre, el amor el que se transmite, la familia la que persiste.
Y en esa persistencia, en ese acto cotidiano de resistencia y ternura, está también la promesa de un futuro en el que las nuevas generaciones sepan que, aunque los recursos sean menos que antes, la riqueza del vínculo, del recuerdo, del “estar” es infinita. Que la economía familiar puede doler, puede apretar, puede exigir elecciones, pero también puede expandirse en lo esencial, que es el amor, la unión, la tradición que no se compra y que no se vende, sino que se comparte.
Que este Día de Muertos sea también un homenaje a esas familias que con modestia y con coraje, siguen diciendo: te veo, te recuerdo, aquí estás entre nosotros. Y que esa frase, tan sencilla y profunda sea la ofrenda más valiosa.
Autor: Alberto Ángeles
Conductor de SUMA Noticias
