Una salud (One Health): cuando el destino del planeta late en nuestro propio cuerpo
Por Otilio Arturo Acevedo Sandoval1
Ilustración: Chat GPT
Un llamado desde Hidalgo para comprender, actuar y transformar
En las primeras horas de la mañana, cuando el sol ilumina los campos del Valle del Mezquital o se filtra entre las montañas de la Sierra Otomí-Tepehua, pareciera que todo sigue un orden natural. El aire, la tierra, el agua… y nosotros. Sin embargo, bajo esa aparente armonía, existe una realidad cada vez más evidente: la salud humana no puede separarse de la salud del entorno. Lo que ocurre en los ecosistemas no se queda ahí; viaja, se transforma y, tarde o temprano, llega hasta nosotros.
En este contexto emerge con fuerza un enfoque científico que está cambiando la manera en que entendemos el bienestar: One Health o Una Sola Salud. Este paradigma no es solo una teoría; es una advertencia y, al mismo tiempo, una oportunidad. Nos recuerda que la salud de las personas, los animales y los ecosistemas está profundamente interconectada, por lo que ignorar esta relación ya no es una opción.
El estado de Hidalgo no es ajeno a esta problemática. Su diversidad geográfica y cultural, la cual abarca desde zonas industriales hasta regiones rurales con prácticas ancestrales, lo convierte en un espejo de los retos ambientales que enfrenta el mundo. En los municipios con actividad industrial, la contaminación del aire y del agua se ha convertido en una preocupación creciente; sustancias químicas, partículas finas y residuos mal gestionados no solo afectan los ecosistemas, sino que también ingresan silenciosamente al organismo humano. ¿El resultado? Sistemas inmunológicos debilitados, mayor susceptibilidad a enfermedades y comunidades más vulnerables.
La pandemia de COVID-19 dejó una lección contundente: los entornos contaminados pueden amplificar los efectos de las enfermedades infecciosas. Aunque este fenómeno se observó en diversas partes del mundo, su mensaje es universal, pues el aire que respiramos puede ser un aliado o un enemigo invisible.
En las regiones naturales de Hidalgo, donde aún sobreviven ecosistemas ricos en flora y fauna, ocurre un fenómeno poco visible pero crucial: la biodiversidad actúa como una barrera de protección frente a enfermedades. La ciencia lo explica mediante el llamado “efecto de dilución”. En ecosistemas diversos, los patógenos encuentran múltiples especies, muchas de las cuales no son buenos hospedadores. Esto reduce la probabilidad de transmisión, pero cuando la biodiversidad se pierde por deforestación, urbanización o sobreexplotación, el equilibrio se rompe; entonces emergen especies que son altamente eficientes para transmitir enfermedades, como ciertos roedores, entre otros. No es que estas especies sean enemigas, simplemente ocupan un espacio que hemos alterado y, en ese nuevo equilibrio, los riesgos aumentan.
A este panorama se suma un factor que intensifica todos los demás: el cambio climático. En Hidalgo, sus efectos ya se perciben en forma de sequías prolongadas, lluvias intensas e irregulares, así como cambios en los ciclos agrícolas. Pero hay algo más profundo y menos visible, dado que el cambio climático está modificando la distribución de los vectores de enfermedades. Mosquitos que antes no habitaban ciertas regiones ahora encuentran condiciones favorables para reproducirse, por lo que afecciones como el dengue o incluso otras infecciones emergentes pueden expandirse a nuevas zonas. Asimismo, los eventos climáticos extremos pueden comprometer la calidad del agua, lo cual facilita brotes de enfermedades gastrointestinales y otros padecimientos. Lo que parece un fenómeno ambiental termina siendo, inevitablemente, un problema de salud pública.
Frente a este escenario complejo, la ciencia se convierte en una herramienta indispensable. En Hidalgo, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) desempeña un papel fundamental como generadora de conocimiento, formadora de talento y vínculo con la sociedad. Desde sus laboratorios, la máxima casa de estudios impulsa investigaciones sobre calidad del agua, contaminación del suelo, toxicología ambiental y cambio climático. No obstante, su contribución va más allá de la investigación, ya que busca formar profesionales capaces de comprender la realidad desde una perspectiva integral.
La universidad también promueve la colaboración entre disciplinas. Médicos, biólogos, ingenieros, agrónomos, forestales, ambientalistas y especialistas en políticas públicas, entre otros expertos, trabajan juntos para enfrentar problemas que no reconocen fronteras académicas; este enfoque multidisciplinario es, precisamente, la esencia de One Health. Además, la UAEH tiene una misión social: acercar el conocimiento a la población, porque entender el problema es el primer paso para transformarlo. En este proceso, la educación y la divulgación científica son herramientas poderosas.
En un mundo donde los datos crecen a un ritmo acelerado, las tecnologías emergentes ofrecen nuevas posibilidades. La inteligencia artificial, por ejemplo, permite analizar grandes volúmenes de información para identificar patrones, predecir brotes de enfermedades y diseñar estrategias de prevención más efectivas. Imaginemos sistemas capaces de integrar datos ambientales, climáticos y de salud en tiempo real, así como herramientas que anticipen riesgos antes de que se conviertan en crisis. Esto ya no es ciencia ficción; es una realidad en construcción.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no es suficiente. Debe ir acompañada de ética, políticas públicas sólidas y, sobre todo, de una ciudadanía informada y participativa. Hablar de One Health es, en el fondo, hablar de responsabilidad compartida; no se trata únicamente de grandes decisiones gubernamentales o avances científicos; también implica acciones cotidianas. Cada vez que cuidamos el agua, reducimos residuos, protegemos un área natural o apoyamos prácticas sostenibles, estamos contribuyendo a nuestra propia salud, porque el bienestar no se construye en aislamiento, sino que se cultiva en comunidad y en armonía con el entorno.
Hidalgo, con su riqueza cultural y natural, tiene la oportunidad de convertirse en un referente de este enfoque. Pero para lograrlo es necesario reconocer que el verdadero desarrollo no puede darse a costa del medio ambiente. La salud no comienza en los hospitales, sino en los ecosistemas. Está en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y en la diversidad de vida que nos rodea; cada árbol que se pierde, cada río que se contamina y cada especie que desaparece deja una huella que, eventualmente, llega hasta nosotros.
One Health no es solo un concepto científico; es una invitación a cambiar nuestra forma de ver el mundo y a entender que no estamos separados de la naturaleza, sino profundamente entrelazados con ella. Quizás, en esa comprensión, encontremos no solo respuestas, sino también esperanza, porque aún estamos a tiempo de actuar y porque cuidar del planeta es, en esencia, cuidar de nosotros mismos.
1Profesor Investigador del Área Académica de Química en el Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (ICBI) de la UAEH