Revista Gaceta UAEH

La hidratación no cabe en una botella de dos litros


Por Yunué Montserrat González Cuevas1
Ilustraciones: Cortesía


La hidratación no cabe en una botella de dos litros

Estoy casi segura de que, en algún momento de sus vidas, han escuchado la famosa recomendación de beber dos litros de agua al día o los ya conocidos ocho vasos diarios. Es una de esas directrices que traemos grabadas casi desde que tenemos uso de razón, pero que pocas veces nos hemos detenido a cuestionar de dónde proviene o si realmente aplica para todas las personas, sin importar si hablamos de infancias, adolescentes o adultos. Es justo aquí donde la ciencia nos sorprende nuevamente, porque la respuesta, como hemos platicado en publicaciones anteriores sobre temas de nutrición, no se reduce a un sí o un no.

Antes de continuar, vale la pena entender por qué el agua es tan importante: este líquido representa alrededor del 60 % del peso corporal de un adulto y participa prácticamente en todos los procesos vitales. Por ejemplo, regula la temperatura, transporta nutrientes, interviene en reacciones bioquímicas, elimina productos de desecho y permite el adecuado funcionamiento de órganos y tejidos. En pocas palabras, es imposible hablar de salud sin hablar de hidratación; sin embargo, esto no significa que todas las personas necesiten exactamente la misma cantidad.

Nuestro organismo posee mecanismos muy sofisticados para mantener el equilibrio de líquidos. Uno de ellos es la sed, una respuesta biológica que aparece cuando el cerebro detecta cambios en la concentración de agua y electrolitos. Así que no, la sed no es un capricho del cuerpo, sino la herramienta de supervivencia que ha permitido a nuestra especie mantenerse con vida a lo largo de la historia.

Nos hemos acostumbrado tanto a ignorar las señales del cuerpo que ahora preferimos seguir reglas escritas en internet antes que aprender a escuchar lo que nuestro propio metabolismo intenta decirnos. Pero entonces, ¿por qué es tan popular la recomendación de los dos litros?

La respuesta es que esta cifra funciona más como una recomendación general y no como una regla universal. Las necesidades hídricas cambian dependiendo de la edad, el sexo, el peso corporal, el clima, la altitud, el nivel de actividad física e, incluso, el estado de salud. Por ejemplo, una persona que realiza ejercicio intenso bajo el sol no tendrá los mismos requerimientos que alguien que permanece la mayor parte del día trabajando en una oficina.

El recordatorio que suelo hacer en consulta es que la hidratación no proviene únicamente de la botella que llenamos al día. Muchas frutas y verduras contienen grandes cantidades de agua; alimentos como la sandía, el melón, el pepino, la naranja y la lechuga aportan líquidos que forman parte de ese requerimiento diario. Incluso el consumo de preparaciones como sopas, caldos o lácteos contribuye a la ingesta total.



Esto no significa que debamos esperar siempre a tener mucha sed para beber líquidos.



En algunos grupos de población, como las personas mayores, el mecanismo de la sed puede disminuir, lo cual aumenta el riesgo de deshidratación. Del mismo modo, durante enfermedades que provocan fiebre, diarrea o vómito, el organismo pierde cantidades importantes de líquidos que deben reponerse de manera oportuna.



La hidratación no cabe en una botella de dos litros 2

Un dato que resulta igual de valioso es recordar que la hidratación no consiste únicamente en beber agua pura. Cuando sudamos, perdemos electrolitos como sodio, potasio y cloro. En la mayoría de las personas, estas pérdidas se compensan con una alimentación adecuada; sin embargo, los deportistas de alto rendimiento o los trabajadores expuestos a condiciones de calor extremo pueden requerir estrategias específicas para reponer estos minerales.

Considero que el verdadero problema radica en buscar cantidades exactas para todo, pues las cifras nos dan tranquilidad. Creer que existe un número mágico funcional para todas las personas nos hace felices, cuando en realidad, como he mencionado en textos anteriores, la biología rara vez opera de esta manera. El cuerpo humano es dinámico y se adapta continuamente a las condiciones del entorno.

En la nutrición ocurre algo similar: queremos reglas sencillas para procesos complejos. Preguntamos cuántos vasos debemos beber, cuántas calorías necesitamos consumir o cuántas horas debemos ayunar, con la esperanza de obtener respuestas absolutas. Les adelanto que el organismo no entiende de reglas universales y rígidas, ya que responde al contexto, a los hábitos y a las necesidades individuales.

Por eso, más que tener en mente un número, quizá sería mejor aprender a entender las señales del cuerpo. La sed, el color de la orina o el nivel de actividad física nos dicen mucho más sobre nuestros requerimientos hídricos que cualquier regla general.

Recuerden que la respuesta casi nunca se halla en números exactos, sino en comprender que cada organismo es distinto y que el equilibrio siempre será mucho mejor que los extremos.

Si te interesa seguir explorando este tipo de temas, puedes encontrarme en NutriNautas, un espacio donde hablamos de nutrición, ejercicio y salud con un enfoque basado en evidencia científica, pero explicado de forma clara. Estamos en plataformas de transmisión digital y en redes sociales, donde compartimos contenido pensado para entender mejor nuestro cuerpo y tomar decisiones informadas.


1Egresada de la Licenciatura en Nutrición de la UAEH- Creadora de NutriNautas®