Aprender ¿a ser adulto?
Por Alma Rosa Barajas Espinosa1 y Reyna Isela Lara Zavala2
Ilustración: ChatGPT
Apuesto a que si estás leyendo este artículo eres ya una persona adulta, o al menos te sientes como una, pero ¿qué significa y cómo aprendemos a serlo? Varias universidades han comenzado a incluir en sus programas académicos cursos o talleres de adulting y quizá no anden tan perdidas.
La adultez
Desde la década de 1970 se considera que la edad adulta comienza a partir de los 18 años. En nuestro país, es la etapa donde se adquieren ciertas responsabilidades y derechos ante el sistema legal, como votar por los gobernantes, asumir la responsabilidad penal y cumplir con las obligaciones hacendarias ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Sin embargo, entre naciones existe una gran variabilidad sobre el momento en que se obtienen libertades como conducir, contraer matrimonio o comprar alcohol, entre otras.
Aun cuando la edad cumplida define al adulto legalmente, los acontecimientos culturales considerados emblemáticos de la adultez son mucho más variables.
¿Adultez inmadura? Visión transgeneracional
Resulta interesante observar que, en cada transición generacional, los padres y los abuelos suelen percibir que ciertos hitos asociados a la adultez se alcanzan más tarde en las nuevas generaciones. Esta percepción puede dar lugar a interpretaciones y juicios cognitivos que etiquetan a las juventudes como “inmaduras”, sin considerar los cambios sociales, económicos y culturales que influyen en el desarrollo de habilidades, responsabilidades y procesos de autonomía propios de cada contexto histórico.
Queda claro que la sociedad está cambiando y que las prioridades de años anteriores están siendo reemplazadas por metas como estudiar una carrera, conseguir un empleo e intentar independizarse de los padres, en lugar de casarse y formar una familia de forma temprana. Esto ocurre bajo el argumento de que el mundo actual es diferente, de que no es tan fácil conseguir un empleo que permita vivir bien y de que la modernización trajo consigo un cambio social en la estructura familiar. Indiscutiblemente, mucho de esto es cierto.
Sin embargo, aquello que las generaciones mayores suelen interpretar como “inmadurez” podría reflejar, en realidad, un proceso más lento en el desarrollo y en la consolidación de las habilidades necesarias para la integración social, la autonomía personal, la responsabilidad y la productividad. Es posible que la madurez se alcance a edades más avanzadas debido a la transformación de las prioridades vitales y de las condiciones socioculturales contemporáneas.
En gran medida, este cambio está influido por la creciente exigencia de adquirir mayores credenciales académicas y competencias profesionales para competir en un mercado laboral cada vez más demandante. Lo que resulta innegable es que los nuevos adultos enfrentan retos para los cuales no están preparados, y tratar de superarlos sin acompañamiento puede derivar en niveles altos de estrés, abandono escolar y comportamientos autodestructivos.
Problemas del recién adulto al navegar la universidad
El concepto del recién adulto, de manera similar al del recién nacido, engloba una etapa de transición importante en la vida que amerita reconocimiento y preparación. En la actualidad, dicha etapa comúnmente se superpone con el ingreso del joven a la vida universitaria y a la vida independiente, ya que en muchas ocasiones es la primera vez que reside fuera de su hogar.
Aun cuando exista una dependencia económica hacia los padres, el joven debe ajustar y elegir sus gastos, planear sus horarios y comidas, convivir con compañeros y figuras de autoridad, cumplir con los deberes del hogar y la escuela solventar los problemas que surjan, socializar y, por supuesto, aprender y obtener buenas calificaciones. Se espera que los jóvenes cumplan con todas estas expectativas de golpe, lo que puede constituir una exigencia poco realista y generar procesos de autosabotaje, frustración y sentimientos de insuficiencia cuando no logran alcanzar dichos estándares en los tiempos socialmente establecidos.
Todas las generaciones han pasado por sus propios retos al llegar a esta edad, entonces, ¿por qué existe la preocupación de que las cohortes actuales también lo sufran y por qué universidades prestigiosas como la Michigan State University, en Estados Unidos, y la Universidad de Waterloo, en Canadá, están tomando cartas en el asunto? En resumen, se ha detectado que alumnos de nuevo ingreso sufren dificultades durante el periodo de adaptación a su vida independiente, ya que pocos poseen habilidades blandas como el manejo de finanzas, la organización del tiempo y el autocuidado, entre otras.
La aparente disminución en el desarrollo de estas competencias puede vincularse a múltiples transformaciones ocurridas durante las últimas dos décadas. Entre ellas destacan los cambios en las prioridades y en los enfoques del sistema educativo, el creciente acceso a tecnologías y servicios que facilitan la cotidianidad, las modificaciones en las estructuras familiares y sociales, así como la exposición constante a las redes sociales. Estos factores han configurado contextos de desarrollo distintos a los de épocas anteriores y coinciden temporalmente con el periodo de vida de la mayoría de los estudiantes universitarios actuales.
Cursos o talleres de Adulting
Los programas orientados al adulting son novedosos en el ámbito universitario; sin embargo, en realidad se trata de una práctica antigua que se dejó a un lado en la educación básica.
Muchos adultos mayores recuerdan haber llevado materias prácticas en la escuela secundaria o incluso en la preparatoria, tales como cocina, costura e inclusive carpintería. Quienes no cursaron estas opciones en las aulas lo vivían en sus hogares, donde aprendían a preparar los alimentos, a remendar su ropa, a limpiar y a cuidar de otros miembros de la familia.
Los talleres de adulting abordan temas cotidianos y suelen ser de libre acceso, lo cual permite que los alumnos interesados puedan incorporarse de manera gratuita para aprender a manejar sus finanzas, organizar sus tiempos, redactar un currículo, pagar sus impuestos, cuidar de su salud y mantener en orden sus hogares. En pocas palabras, son dinámicas interactivas que brindan información práctica sobre cómo llevar una vida sana y responsable dentro de la sociedad. Al final del día, ¿no es esto precisamente lo que se requiere en la formación de los agentes de cambio de un país?
1Profesora investigadora de la Escuela Superior de Huejutla (ESH)
2Responsable del programa de orientación vocacional de la ESH